Betancuria 01

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Proyecto: No Somos Islas
Año: 2014-2018
Firmada por el autor.

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Isla: Porción de tierra rodeada por agua. Y también una zona claramente separada del espacio circundante, en estaciones, aeropuertos, vías públicas, etc.Así solemos vernos a nosotros mismos con frecuencia: como islas, separados y desconectados del resto de la humanidad. Rodeados por un espacio vacío que nos mantiene a salvo de una sociedad que nos parece hostil.Pero la realidad es otra: las islas no flotan en el mar, son tierras emergidas desde la corteza terrestre y conectadas con la parte sólida del planeta. Del mismo modo, todos los seres humanos estamos interconectados mucho más de lo que podemos imaginar, y también con la propia naturaleza.

No somos islas y las islas tampoco lo son.

Thomas Merton, escritor, teólogo y místico (1915-1968), en 1955 escribió: “No man is an island” (Ningún hombre es una isla). En este libro describe nuestra profunda e invisible vinculación con las personas que nos rodean y con todo el género humano, por más que intentemos alejarnos, aislarnos o desvincularnos de los demás.

“No somos islas, fomamos parte de una sociedad, y aunque no lo sospechemos, aunque no lo queramos, incluso aunque tratemos de evitarlo, nuestros actos, de cualquier signo, tienen una repercusión directa o indirecta sobre los demás y sobre nuestro entorno. E inversamente esas mismas personas, nuestro ambiente social y las noticias que nos llegan de los lugares más lejanos, afectan de una manera u otra nuestro pensamiento, lo que sentimos y cómo actuamos”.

“Nada, absolutamente nada tiene sentido, si no admitimos que los hombres no son islas, independientes entre sí; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del todo” escribe Thomas Merton.

¿Cómo trasladar esta idea desde el logos al lenguaje fotográfico?

Una posible respuesta me llegó en un viaje a Canarias. Absorto por la contemplación del vasto océano ―a ratos embravecido y a ratos sosegado―, y del fuego latente, presente en las rocas volcánicas, me sentí más conectado que nunca con mi entorno visible e invisible. Contemplando esa belleza pura y verdadera, empecé a experimentar el vínculo del que hablaba Merton.

Y esta vivencia cristalizó en el desarrollo del proyecto No somos islas. Un título que juega con la aparente contradicción entre los lugares donde están creadas las obras (siempre en islas) y el propio título, para activar nuestra capacidad de cuestionar paradigmas establecidos. El mismo mar que aparentemente nos separa, es el mar que nos da la vida y ha permitido la conexión entre todos los pueblos de la Tierra. Las rocas isleñas, aparentemente desconectadas del resto del mundo, siguen mostrando su pasado volcánico y su indisoluble unión con la corteza terrestre.

Las obras de esta serie, creadas a partir de las formas más simples, pretenden simbolizar el vínculo telúrico entre todos los seres humanos y el propio planeta. No busco crear imágenes de postal, fotografías “espectáculo” que puedan desviar la atención de esa belleza sencilla ―casi abstracta en algunos casos― que tiene la capacidad de conmovernos y conectarnos con la pureza de la naturaleza y la energía vital de la Tierra. Una belleza que nos reconforta y nos ayuda a desconectar del incesante ruido mental, que nos absorbe en nuestra rutina diaria. Una belleza que nos recuerda que, como integrantes del todo, también somos parte de su esencia. También somos naturaleza.

No somos islas y las islas tampoco lo son.

Formato:

20 x 30 cm · Edición de 14
33 x 50 cm · Edición de 10
67 x 100 cm · Edición de 5

Acabado:

Impresa en papel estucado de calidad artística y con tintas pigmentadas que son estables a la luz y con una longevidad mínima garantizada de más de 75 años. Con papeles Hahnemühle de algodón que garantizan la permanencia y proporcionan un acabado inmejorable.

Certificado de autenticidad:

Esta obra está numerada, pertenece a una serie de edición limitada y viene acompañada de un certificado de autenticidad, con expreso consentimiento del autor.